Se había cansado de tantos amaneceres esperando que la vida le sorprenda, de los versos, las canciones que la trasladaban a las calles sin nombres, las ciudades que de su mano conquisto.
Colecciono cuadernos llenos de escritos y frases, que le recordaba esa sonrisa que tanto la atrapaba y de la facilidad y la simplicidad de la vida cuando el estaba. Respiro muy hondo, tanto que dolió  muy adentro y recordó ese adiós en la estación  la mirada en el piso no queriendo levantar la vista, los abrazos eternos como queriendo quedarse, las lagrimas contenidas.
Leyó cada palabra, cada recuerdo que lo acercaban a el, las ganas de querer cambiar el mundo, de vencer la monotonía y de despertar en ciudades sin conocer, todas por conquistar. No pudo contener esas lagrimas que brotaban de tantos recuerdos, que parecía que habían sido ayer que ya habían perdido razón de tiempo.
Tomo sus libros los subió a su mochila y siguió su viaje por esta vida soñando conquistar ciudades viviendo cada momento como si fuera el ultimo, buscándolo en cada esquina sin nombre...

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