Se había cansado ya de los mismos amaneceres, de las promesas que el tiempo sin piedad le arrebato, de buscar en la cara de la gente un poco de humanidad o algo que le demuestre que aun estaba vivo y que quedaban cosas por que luchar.
Ya los días pasaban sin piedad, cruel, como las ultimas horas de un condenado a muerte, con la esperanza de encontrarse en esta selva de cemento que nos suicida día a día. Soñaba con despertarse en cualquier otra ciudad, perderse por calles sin nombre y tratar de encontrarse, escribir nuevos versos enamorarse de otra ciudad, de otra realidad...




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