Colgado en la red
jueves, 11 de junio de 2026
Las tres de la mañana
miércoles, 6 de mayo de 2026
Otoño
Serán las cortinas
será el frío en los huesos
los trenes, las despedidas
serán todas las derrotas
las manos en los bolsillos
será que otra vez es lunes de cenizas
el fondo monetario, las deudas
los posillos, las migas
serán las trincheras de lo cotidiano
los vidrios molidos, las calles vacías
la casa de espectros
los espejos, los recuerdos
será la tarde que muere en el ocaso
será este otoño
el corazón con olor a guardado
la tristeza como manchas de humedad
la pelusa del piso
el humo de tabaco
serán todos mis muertos
mis mártires, mis verdugos
el olor a remolacha
las alas entumecidas
la radio chiquita que satura un tango
el llavero, las baldosas
el lunes, el llanto…
lunes, 30 de marzo de 2026
sábado, 7 de marzo de 2026
lunes, 29 de diciembre de 2025
Ensayo general del destino
Respiro porque es un reflejo mecánico, o por el capricho de alguna deidad aburrida de tanta eternidad. Recuerdo no-recuerdos juntos, cosas que no vivimos, que no pudimos compartir, y me pregunto tantas noches el por qué.
Aunque yo me haya quedado atrás. Porque la costumbre es más fuerte que cualquier despedida. Hay noches en que me gustaría olvidarme de hacerlo, dejar que el aire pase de largo y se busque otro huésped menos roto. Pero vuelvo. Vuelvo siempre, como un perro que nunca aprende el camino contrario.
Te pienso sin tenerte, y eso también cansa. Es un ejercicio absurdo: repasar caricias que no existieron, peleas que no tuvimos, viajes que nunca hicimos porque la vida, tan prolija, nos sentó en mesas distintas. Inventé domingos con vos; inventé cafés; inventé tu risa apoyada en mi hombro. Fui culpable de ese delito mínimo: creer que alguna vez nos tocaba el milagro.
Me pregunto por qué, pero el porqué no contesta. Se queda mirándome como una puerta que no abre. Tal vez no había que entender nada. Tal vez éramos apenas un ensayo general, un borrador del destino que alguien arrugó antes de tiempo. Y, sin embargo, duele —lo digo sin maquillaje—: duele en los huesos, en esas partes del alma que los médicos no nombran.
Hay días en que me vuelvo conservador hasta el hueso y pienso que el amor debía haber sido sencillo: mirarte, elegirte y ya está; como antes, cuando las cosas no venían con manual ni diagnósticos ni “no era el momento”. Pero nos tocó esta época ansiosa, llena de ruidos, y vos y yo aprendimos a perdernos con elegancia.
Si algún día volvemos a cruzarnos —no lo prometo, no lo invoco—, quiero que al menos sepas esto: no fuiste un capítulo; fuiste el libro que no me animé a abrir.
martes, 2 de septiembre de 2025
Fin del mundo
Esa mañana
varios planetas se alinearán
generando un cataclismo en nuestro sistema solar,
y él pondrá el mismo disco,
la misma canción una y otra vez
con tal de retenerla al menos en su recuerdo.
Esa mañana
las guerras seguirán devorando vidas inocentes,
y miles continuarán hipnotizados en su rutina diaria,
yendo a cualquier lado sin saber a dónde,
comprando lo que creen necesitar
para llenar vacíos que ni siquiera saben nombrar.
Esa mañana
quizá el sol tarde un poco más en salir,
escondido tras las nubes,
y los gorriones busquen un lugar donde guarecerse.
Quizá no pase nada extraordinario,
y sin embargo el mundo seguirá siendo un lugar injusto y horrible.
Esa mañana no habrá milagros,
solo hombres corriendo detrás de relojes,
niños naciendo en campos de guerra,
ciudades que se derrumban en silencio.
Y todos fingirán que nada pasa,
como si el fin del mundo fuera apenas
otra noticia que nadie quiere leer.
domingo, 24 de agosto de 2025
Cecilia
Cecilia camina entre mis recuerdos como quien pisa un sendero conocido: sin prisas, sin miedo. Su voz no hace falta; incluso el silencio que deja a su paso habla más que cualquier confesión. Hay en ella algo que trasciende el tiempo, un secreto suave que me recuerda que hay amores que no se van, que permanecen en los pliegues de la memoria como una luz que nunca se apaga.
No la busco, y sin embargo siempre aparece: en un gesto, en una mirada que atraviesa el presente, en un eco de lo que alguna vez fuimos. Cecilia no reclama, no exige, no espera; simplemente existe. Y en esa existencia se siente la densidad de todo lo que el mundo quiso arrancarnos y no pudo.
A veces la imagino hablándome de cosas que aún no entiendo, enseñándome sin enseñarme, dejando caer su sabiduría como hojas suaves sobre mi pecho. Y mientras la miro, descubro que el amor verdadero no necesita posesión; basta con reconocerse, aunque sea por un instante, en la misma luz que alguna vez nos iluminó.
Recuerdo cómo su risa podía ser ligera y contener mundos enteros, como si cada sonido suyo guardara historias que no se contaban, que simplemente se sentían. Y aunque hace tiempo que no estamos juntos, su sombra se arrastra por mis días: en la luz de la tarde, en un olor que me lleva a otra estación, en la música de fondo que recuerda que hubo un tiempo en que el amor podía ser tan simple y tan complejo al mismo tiempo.
Y sé que quizá nunca la vuelva a ver, pero a veces cierro los ojos y la imagino en un café cualquiera, en una esquina de Palermo, caminando tranquila, como si el mundo entero hubiera aprendido a esperarla. Y yo, sin atreverme a acercarme, me quedo contemplando la calma que siempre me enseñó.
Las tres de la mañana
Por las tres de la mañana el mundo se apaga. Las ventanas se van oscureciendo y la gente duerme, como si la ciudad hubiera decidido cerrar l...
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Esa mañana varios planetas se alinearán generando un cataclismo en nuestro sistema solar, y él pondrá el mismo disco, la misma canción una ...
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San Telmo me tiene atrapado en su laberinto de recuerdos y ausencias. Mis pasos casi por inercia siempre terminan en la esquina de ese re...
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Todavía mi cabeza da vueltas por todas las palabras que no me anime a decirte, y que quizás mi mirada ya lo había echo, todavía hay algo que...