Me hablan de ti.
Desearía
el recuerdo lejano de tu nombre.
O que me golpeara como un puño.
tu rostro que no acierto
a dibujarte.
Que fueras el instante,
la palabra de amor nunca perdida.
Los meses
de pasión
o ese perfume,
de mis dedos
descubriendo tu pecho adolescente.
Ahora escucho tu nombre, y te lo juro,
quisiera que viniera
tu risa como un vaso
de vino a la cabeza.
Y sentir al oirlo
ese calor de labios y de axilas,
esa suave caricia
de tus pies en la cama.
Pero el tiempo
nos maldice cada día.
Nos echa entre los brazos del olvido.
Nos azuza los perros de la noche.
Te quisiera
tan viva en mi memoria
que pudiera
contar uno por uno los lunares
benditos de tu espalda.
Y, sin embargo,
es un nombre confundido en otros cuerpos
lo que me llega, al fin, cuando me dicen
las letras de tu nombre
que no es mío
y que ya no recuerdo, vida mía.
domingo, 2 de enero de 2011
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