Es verdad que se rompe el corazón,
-yo lo he sentido-
cuando alguien te abandona o trata de explicarte
con la mano en la puerta que nada dura siempre
y que el beso es un soplo,
el humo del deseo.
Por eso, vida mía, muerte mía,
he de decirte
que tengo entre mis cosas aún pendientes
cuando dejaste cama y cuerpo a la deriva
y no supe decirte
“no te vayas. Sin ti la vida se hace eterna”.
Bebí después el vino del recuerdo.
Y busqué en otra risa el dulce aliento,
la palabra
de tantas madrugadas que eran tuyas.
No te encontré jamás.
Tal vez no supe
buscarte por los mares adecuados.
Por eso, en estos días,
cuando encuentro
tu nombre entre papeles amarillos,
trato de hallar mi corazón como si fuera
el último pedazo
que dejaste en mi almohada aquella noche.
rodolfo serrano
domingo, 19 de diciembre de 2010
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