sábado, 7 de marzo de 2026
Estás en todos lados.
No exagero: te metes en cada conversación casi sin darme cuenta. Termino hablando de vos con cada mujer que se me cruza, aunque el tema sea el clima, el trabajo o cualquier banalidad que no tenga nada que ver con vos.
Es automático. Como si mi boca no hubiera entendido que ya no estamos. Como si necesitara probar, una y otra vez, que lo que vivimos fue real. Que no lo inventé. Que no fui el único que sintió el incendio.
Ellas escuchan. Algunas por cortesía. Otras con curiosidad. Yo hablo como si estuviera rindiendo examen de algo que ya desaprobé. Digo “nosotros” y me doy cuenta tarde de que ese plural ya no existe. Pero lo sigo usando, como un hábito que se resiste a morir.
Uso nuestra historia como escudo y como excusa. Digo que fue intensa, que fue única, que fue imposible. Lo que no digo es que sigo ahí, detenido en un capítulo que ya terminó.
Estás en todos lados porque yo te llevo encima: en la memoria, en la lengua, en las comparaciones que hago sin querer. Nadie pasa limpia por mi vida; todas pisan los restos de lo que fuimos.
Y lo peor es que no sé si hablo de vos para recordarte… o para no olvidarme de quién fui cuando te amaba.
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