Su mirada se perdía tras los cristales de aquel ventanal, el mismo banco en aquel parque, el mismo invierno con diferente año. Compraba soledades en cualquier mercado barato, sonreía a cualquier ciudadano gris que levantaba su mirada y se perdía en las letras de algún tango olvidado, por que no, con un final feliz.
Lleno su cuaderno con historias de verano, llena de madrugadas perdidas en alguna vieja esquina, con el terror del mañana, en una incierta ciudad. Suspiro con las letras de poetas poco conocidos para la gente común, recordó el terror del lunes, y ese susurro al oído que se llevo el viento de este abril...




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