Si pudiera votarte, votaría tu risa al encontrarnos,
los labios agrietados por los besos. Votaría
el estremecimiento de tus muslos, los suspiros
que bebía de ti,
tus manos y tu pecho y tu cintura.

Hubiera sido así como elegirte
entre todos los signos de los cielos
y las tierras. Y lo mismo
que si el mundo se cebara mordiéndote la lengua,
igual que si mis manos te escribieran
por la piel de tu vientre algún poema
de amor y de abandono. Casi como
si tú fueras el libro de mi vida, el libro de horas
para rezarte vísperas de carne.

Si pudiera elegir, elegiría
tu gobierno de sueños. Tu dulce dictadura,
los caprichos con que vencías toda
la voluntad que yo mismo había dejado
prisionera en el cálido secreto de tu boca.

Ahora, en esta noche en que la tele
nos habla del desastre y la derrota
me siento yo también vencido y solo,
cuando ya he dimitido de pasiones,
y no soy candidato ya a tu cuerpo.

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