Me quede colgado de un beso que jamas tus labios supieron, de un recuerdo que a estas alturas creo que son solos inventados por esta loca cabeza. Me quedo el sabor de aquel verano en esa enorme ciudad, de las palabras que nunca te dije, del terror de saltar al vació, de miles de calles sin nombres, del café frió de la mañana, del horror  ese de la ultima hora que siempre pero siempre me pesca desprevenido.
Quedaron mis cuadernos tirados, llenos de historias de amor por contar, historias que merecen ser narradas y que terminen por que no, con un buen final. Que no daría por contar nuestro final, pero solo queda un vació  que ya no duele, que arde y sigue dando vueltas en la cabeza de este humilde flaco que juega con las letras, que juega a ser escritor. Y que aun no puede encontrar palabras para cerrar esta historia.

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