Miraba de refilon las hojas del escritorio, no podía hilar mas de tres palabras seguidas y por si esto fuese poco su mundo era un caos. Buenos Aires lo recibía con una tormenta de verano, esas de los días domingos que lo dejan a uno con mas dudas que certezas,esas que hacen dudar  hasta de la verdad mas absoluta, al fin y al cabo que era la verdad?, quien dice que es mentira y verdad?, lo único verdadero era la luz del baño y la sala a media sombra, un tango oxidado de fondo, y en su escritorio una carta sin  destinatario con palabras que jamas se animo a decir por ese miedo idiota que lo paralizaba. Y en esa carta decía que se había cansado de dar vueltas por ciudades,por calles sin nombres, por esquinas llenas de historias de amor, que se había cansado de su ausencia, de andar con la mirada perdida buscándola por cualquier lugar, imaginándola perdida entre la gente.
Soltó una lagrima cobarde que se paseo por su rostro, afuera llovía como la primera vez, tomo de nuevo la pluma y siguió escribiendo tratando de esconder su pena, soñando que quizás algún día la encuentre perdida en medio de tanta gente...

Entradas populares de este blog