martes, 5 de febrero de 2013


Ya había pasado un tiempo sin tomar una pluma, de desahogarse y escribir cartas que nunca llegaran, o quizás si quien sabe. Ya había perdido la noción de tiempo, ya que todos los días parecían iguales, sumergido entre libros, perdido en su propia habitación tratando de sostener el techo con la mirada. Ya el café estaba helado y su escritorio era un completo caos, tímidamente empezó a escribir...

Carta 2:

Nunca aprendí como retener a nadie y creo que tampoco lo haré  pero hubiera dado cualquier cosa por quedarme un segundo en tu mirada, por tener alguna razón por mas mínima que parezca que te haga volver.
Tampoco aprendí a disfrazar mis intenciones con palabras vacías, inventándote historias y victorias que nunca sucedieron.
Me agota también recordar las calles que conquistamos, las tardes de lluvia de tu mano, observar la luz de tu mirada que me hacia creer que no era tarde y que la vida podía sorprenderme.
Hoy la ciudad reclama la luz de tu ausencia y tus pasos por la calle, el día se tiñe de gris, no veo risas en la cara de la gente, y tampoco encuentro historias de amor que me hagan olvidarte en el café de la esquina, últimamente los días son una figurita repetida, que deja un vació  uno mas a la colección que ya tengo dentro mio y espero poder resolverlos algún día.
El motivo de esta carta, no es pedirte que vuelvas ni mucho menos, es contarte como pasan los días en Buenos Aires, en estas calles llena de luz y vida que nos vieron felices, hoy están embriagadas de rutina, empapadas de gris, esperando que salga el sol, mi sol...