Hoy recordé tu mirada, esa que lograba que la cordillera de mi alma se derrumbara ante un simple parpadeo, me acorde de nuestras charlas eternas, de las caricias sin dueño ni autor, de las calles sin nombre, de aquella vieja utopía de algún día poder volar. Recordé al instante el calor de tu cintura, y la teoría heleocentrica de tu sonrisa que era el centro de todo mi universo. Soñábamos con cambiar este mundo, sin darnos cuenta que el nos cambio a nosotros sin darnos cuenta.
Hoy que Buenos Aires esta sumergida en esta tormenta de agosto, tu recuerdo vino a mi, cuando sin querer paso por esa esquina donde por primera vez te vi...




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