Son estas noches largas y el sueño corto. Puedo
recordar cada paso de tu cuerpo en los días
en que eras tan real como el hueso y la carne.

Pero el tiempo es eterno cuando ya no se tiene
el calor de la piel o el lejano sonido
de un beso en una calle que ya no encontraremos.

Ya no me llamas nunca. Sólo de vez en cuando,
al ver a una muchacha que espera en una esquina,
me parece que vives aún en cualquier verso.

Que todavía me llevas a llorar en los cines,
que me hablas de tu gata y de aquella tristeza
con la que me abrazabas cuando estabas tan sola.

Y te he de confesar en esta larga noche
que cada vez se borra algún instante tuyo.
Y que solo me queda el consuelo de un sueño:
Creer que aún me recuerdas cuando amas a otro.

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