Levante mis vista y no pude sostener mi mirada ante la inmensidad de la tuya, no podía ya ni hablarte mientras la gente, la rutina pasaban y nosotros entre un silencio que decía demasiado, mi sonrisa tratando de sobornar a mi maldito nerviosismo, Mis labios con ganas de probar los tuyos y mis manos reclamaban la soberanía de tu cuerpo, pero mi cuerpo estaba inmóvil hasta que en un instante de tus labios sonó un te amo...

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