No había nada mas cierto que ese rayo de luz que se traslucía por la ventana, ese mismo nos daba la constancia de que otro día comenzaba. Era maravilloso comenzar la jornada a tu lado con música olvidada por las radios locales y poco conocida para la gente común  el café negro de la mañana, y tu rabia cuando me veías con el diario en el brazo.
Había tanta magia al verte despertar por las mañanas, no había explicación científica que analizara el embrujo de esa mirada que me invitada a salir a conquistar la ciudad, perdernos en ella por un callejón sin nombre, conocer lugares mágicos y perdernos con historias de amor, leyendas y poder inventarles un final feliz.
 Era todo tan simple de tu mano!, que poco importaba lo que hoy me desvela y me preocupo mas de la cuenta por cosas sin sentido, hoy que ya no escribo cartas y que no escucho esas canciones por miedo a encontrarte en ellas, hoy mas que nunca  te necesito...



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