lunes, 1 de noviembre de 2010

Porque siempre encuentro en tu abrazo el sostén que necesito,
en tus besos el aire que faltaba en mis pulmones,
el calor del alba en los amaneceres más fríos,
el impulso necesario para esquivar el impacto.

Porque llenas, porque llegas, porque vuelves,
porque das todo sin pedir nada a cambio,
porque estás, con certeza, a la hora señalada,
con mas verdades que mentiras, con más amor que soledades.

Porque emerges cuando se acuesta el fracaso con el desconsuelo,
el desgano con la desilusión, el tacto con la esperanza,
la angustia con el dolor, la nostalgia con el sin ti.

Porque abrevias el breve espacio en que no estás,
porque tu voz cubre mis cinco sentidos perdidos,
porque tu calma acaricia los miedos de mi pecho,
porque tu paciencia anula mis temblores más remotos.

Porque envuelves mi rutina, la alteras, le das sentido,
porque derrites el mundo con tus pasos, el espacio con tu aroma,
porque sonríes y la vida es justa y vale la pena,
porque sos mas que dos y uno más uno,
porque te agradezco, porque una vez más rescatas.