domingo, 24 de octubre de 2010

Olvidarte

Alguno de estos días –lo digo muy en serio-
tendré que plantearme lo de olvidar tu cuerpo
y tu sonrisa. Y dejar que tu nombre se me vaya,
definitiva y dulcemente de mis labios.

Porque los años son como tormentas secas,
y acaban en desastres, inundan cada uno
de los huecos en los que aún te encuentras escondida
en esa soledad de las mañanas y el desayuno frío.

Y decidir, salvaje y plenamente, que tu boca
ni siquiera me nombra, por mucho que lo crea.
Que nunca habrá llamadas de teléfono o cartas.
Y que seguramente habrás ya roto los versos que te hice.

Pero, a pesar de todo, de esta seguridad de no tenerte.
Incluso aunque me cueste imaginar cómo serán ahora
los besos que recreo, o mucho más sencillo,
cómo será tu piel y quién se muere en ella.

Por mucho que me llegue la certeza de que ya no seremos
la envidia de los otros, el corazón de vino
con el que emborrachamos nuestra historia más grande,
jamás podré pedirte que me dejes muerto sin tu recuerdo
en las noches sin ti que me regalan
ese orgasmo fatal que nos hacía
sentir que era la vida lo que andaba en medio de nosotros.

Rodolfo Serrano